29 de mayo de 2009

Otra semana de bondad


La discusión a propósito de Tríptico del Desierto, libro con el que Javier Sicilia ganó este año el Premio Nacional de Poesía Aguascalientes, y particularmente acerca del artículo escrito por Evodio Escalante y publicado en Milenio hace un par de semanas, ha continuado por vías más o menos predecibles. Esta vez me limitaré a dar cuenta de algunas de las intervenciones -doy por hecho que no las conozco todas, en la medida que se trata de un asunto que se ha dispersado por la red- absteniéndome de juzgarlas.

El viernes 22 de mayo, en alusión a mi crónica del mismo día, titulada "Una semana de bondad", Mariano Flores Castro mandó un e-mail colectivo en estos términos:

Agencias. La Comisaría de Guadalajara reporta que aviesos personajes están haciendo circular un texto crítico de Evodio Escalante, un hecho a todas luces reprobable y punible, no sólo porque ejercen su libertad de comunicar lo que se les pegue la gana, sino por difundir dudas e incitar a la gente a pensar, ¡oh! El dedo flamígero del comisario apunta al desmantelamiento de una red de malvados poetas que quieren ver hundido en el descrédito al ganador del más reciente premio Aguascalientes (hidrocálida versión del Nobel de literatura). Fuentes generalmente bien informadas afirman que el comisario sospecha de todo y de todos, incluyendo a los amigos del laureado poeta, y que ha armado este miniescándalo sólo para llevar lectores a su blog. Vaya usté a saber.


El sábado 23 de mayo apareció en Laberinto la respuesta de Javier Sicilia (respuesta no a Mariano Flores Castro, desde luego, sino a Evodio Escalante).

Al día siguiente, domingo 24 de mayo, Julián Herbert envió por correo electrónico una serie de observaciones a un grupo considerable de destinatarios:

Aprecio mucho a Evodio Escalante (aunque hace años no nos vemos) y no conozco a Javier Sicilia. Los apuntes que vierto carecen de todo viso personal.

1.- Eliot puso notas a sus poemas, sí. Pero la mayoría de sus plagios no están en esas notas, y tampoco aparecen entrecomillados. No da cuenta, por ejemplo, de versos de Dante que incluye íntegros y traducidos al inglés en “Cuatro cuartetos”.

2.- Se ha citado el ejemplo de Eliot pero, curiosamente, no he visto que alguien recurra al ejemplo de Pound ("No le copien al copión maravilloso”, dijo Gonzalo Rojas). Las apropiaciones de Pound no indican su origen, ni llevan comillas ni notas ni itálicas ni nada. Algunas fueron vertidas en su lengua original, pero otras en The Cantos se traducen al inglés y son puestas como versos originales sin que hasta ahora medie reproche alguno por parte de la crítica. Se trata de un procedimiento poético normal y nada reciente, como puede notarse en algunos otros ejemplos que doy.

3.- Un muy famoso carmen de Catulo (el LI) es apropiación de un poema de Safo; la única adaptación significativa practicada sobre el texto por el veronés fue la inclusión de su nombre de pila.

4.- La fórmula “parcite dum propero, mergite dum redeo”, de Marcial, es presentada como texto original por Garcilaso de la Vega de la siguiente manera: “dejadme allá llegar, y a la tornada, / vuestro furor ejecutad en mi vida”. Lo mismo ocurre con el famoso inicio de soneto “Oh, dulces prendas, por mi mal halladas”: proviene de la escena de la Eneida en que Dido encuentra la espada de Eneas. Garcilaso presenta la traducción textual de esta frase como un texto original, y hasta ahora nadie lo ha enjuiciado por ello.

5.- Fragmentos de John Keats aparecen en el cuerpo de los poemas de “The Beauty of the husband”, espléndido libro de Anne Carson. Hay traducciones de versos latinos incorporadas a “Albur de amor” de Bonifaz Nuño. Fragmentos de la Eneida fueron transcritos como parte de La procesión, libro de José Javier Villarreal. Manuel Gutiérrez Nájera incorpora versos completos de Alfred de Musset y de Agustín F. Cuenca a “La duquesa Job”, un poema fundacional de la tradición moderna mexicana (esto puede verse a detalle en las notas de la buenísima Antología del modernismo realizada por Pacheco).

6.- Podría seguir dando ejemplos de este procedimiento no solo en poesía, sino en novela (por ejemplo: el título y la base argumental de la Lolita de Nabokov provienen de la Lolita de Heinz Von Lichberg, publicada en 1916), cine (la escena de las escaleras en Los intocables, plagio de Ensenstein que Brian de Palma no puso “entre comillas”) o música.


7.- Mi querido amigo Evodio dice: “¿Estamos en un mundo en el que todo se vale?”. Yo le respondería: sí, y los seres humanos hemos vivido en él durante al menos los últimos 2 mil años. El plagio es uno de los mayores catalizadores de eso que llamamos tradición literaria. En realidad, poner las citas entre comillas o indicando de dónde provienen es un valor más apegado a la modernidad (concretamente al pensamiento romántico) que a la tradición clásica.

8.- Hay un excelente libro, publicado por Tumbona Ediciones, que aborda este asunto con una sabiduría y un humor impagables: Jonathan Lethem contra la originalidad (un breve ensayo que es en realidad un ejercicio de sampleo: el autor plagia unos cien fragmentos escritos contra la originalidad por autores de lengua inglesa y, con ellos, compone un ensayo originalísimo).

Abrazos,

J.


A bote pronto, ese mismo domingo, respondió Evodio Escalante:

Querido Julián:

Me da mucho gusto tener noticias frescas de ti. Leo tu paciente envío y me encanta tu conocimiento de la historia literaria. En mi artículo sobre Sicilia hablé de técnicas de apropiación y no propiamente de plagio... aunque casi todo mundo, empezando por el propio Sicilia, han entendido literalmente plagio. Sea como sea, no incurramos en posiciones cínicas. No, no todo se vale en todo momento. En caso extremo, aceptaría tu propuesta de que el plagio es una técnica milenaria y que no hay que ponerse levantiscos por ello. Sí, pero siempre que se trate del plagio superior, aquel que realiza un autor con verdadero talento, de modo tal que el plagio queda así superado y hasta enriquecido. Me temo que no es el caso de Sicilia, a quien se le ven los tijeretazos y las chorreadas de resistol. Con cinco o seis libros de poemas publicados, Sicilia no ha salido de párvulos, se nota a leguas lo escolar de sus trabajos de imitación.

En fin, es sólo un rápido comentario. Saludos!!


El primero en reaccionar a lo anterior fue Pedro Serrano:

Queridos todos,

no he subido toda esta discusión al Periódico de Poesía porque José María Espinasa me dijo, y siempre me dejo convencer por él, que dejemos a un lado los premios (ya me revolcaron a mí, mea culpa fuera del tarro). Sin embargo creo que se está poniendo interesante, y está siendo a cuatro bandas, casi snooker, que es un arte exacto, que diría Pancho Segovia.

Van mis comentarios.

Por supuesto que se vale el plagio. Por supuesto que todo se vale, sabiéndolo acomodar. No vamos a empezar a poner, a estas alturas, cotos a lo que se puede y no en poesía. Como todas las citas van con Eliot, pongámos una más: "hay poemas buenos, poemas malos y caos". Evodio ahora toca ese punto. Para él los poemas de Javier son y han sido siempre malos. Para el jurado el libro fue bueno. A mí me parece bien su apuesta. Y por ahí podríamos empezar una discusión válida. No sobre el premio, sino sobre el libro.

Si los poemas de Javier Sicila, independientemente de plagio o no, son buenos. Si cumplen cabalmente con su proyecto. Si su incursión en la mística es equivalente, digamos, en su actualidad, al Quijote de Cervantes o al de Pierre Remedo. Si es una escritura que se alumbra a sí misma o que sólo implora desde lejos. Si es mística actual y si hay mística actualmente, si puede haberla. Si su uso del canon es pertinente y es efectivo. Si los poemas son buenos, en suma, y cómo lo son, y qué buscan, y qué logran.


Yo fui jurado del Aguascalientes cuando ganó Dana Gelinas. Había una poeta de Ciudad Juárez que a mí me impresionó mucho, pero tenía algunos detalles que había que corregir. Dana presentó el libro más redondo y mejor armado en esa entrega. En eso coincidimos tanto Hugo Gutiérrez Vega como Ernesto Lumbreras y yo. Me sigue pareciendo un libro sorpresivo, irónico e incómodo en la tradición mexicana. Y eso me gusta. ¿Logra esto Javier desde su propia vertiente? ¿Lo logra como poema?

Al final de su respuesta Evodio se lanza contra la poesía de Javier Sicilia, que no le gusta. Por ahí debió haber empezado, y discurrido. Me gustaría ver esto argumentado.

Abrazos,

Pedro.


Baudelio Lara le respondió a Evodio Escalante directamente:

Estimado Evodio:

Me incluyo en ese "casi todo el mundo" que ha entendido literalmente que te referías a un plagio, en principio porque tú mismo lo identificas con apropiación. Dice textualmente tu artículo, a modo de cierre concluyente: "¿Quiere acaso esto decir que una vez que se inventó la intertextualidad ha dejado de haber plagios?"

Por otra parte, aun si la palabra plagio no hubiera saltado inapropiadamente para esclarecer el sentido esencial de tu artículo, creo que fue evidente para casi todo el mundo -para mí lo fue- tu posición crítica con respecto tanto a la apropiación como al plagio, actitud, por otra parte, respetable.

El saldo positivo de este intercambio epistolar es que ayuda a precisar la tesis que defiendes. Bastaría, en todo caso, que hubieras dicho en tu colaboración lo que sin ambages afirmas en la carta: que Sicilia es un imitador (y, como tesis secundaria, que se requiere un mínimo de n libros para pasar de párvulos a autor de verdadero talento).


Con respecto al tema del "todo vale" posmoderno, mi posición es menos urgente. Mal haría un artista que se precie de serlo si se impusiera restricciones, excepto aquéllas, éticas o estéticas, que convienen o se derivan de su tarea, proyecto o misión (como sea que entienda su trabajo), aquéllas que, sobrepasándolas o sublimándolas (en el sentido freudiano) configuran la "originalidad" (en el sentido de identidad y consistencia) de su obra. En este contexto, ubicar la discusión en los términos generales del mecanismo de apropiación contribuye al análisis, pero no es suficiente. Para hacer efectivo el principio de que no todo se vale en todo momento, habría que precisar, naturalmente, qué se vale y qué no se vale y cuáles son sus momentos. Esta operación, por supuesto, implica contrastar al menos dos posiciones éticas y estéticas: la del autor y, explícita o implícitamente, la del crítico.

Saludos,

Baudelio Lara.


Tomó de nuevo la palabra Evodio Escalante, ahora para dirigirse a Mariano Flores Castro:

Estimado Mariano:

Celebro tu comunicado y tu sentido del humor que entiendo como una muestra de solidaridad con mis posiciones críticas en torno al libro de Sicilia. Al menos, has considerado que toco un asunto que vale la pena debatir ENTRE TODOS. Creo que la raza exquisita de los poetas ha caído en pánico total, ve nomás la "respuesta" de Sicilia el pasado sábado en el Milenio. Y el lamentable silencio de los que lo premiaron.


Estimo que sería efectivo, para aclarar de una vez las cosas, que se envíe una carta a la burocracia cultural responsable con la atenta solicitud de que publiquen el acta redactada por el Jurado. Daría mucha luz, y acaso hasta encontremos ahí, si no la piedra filosofal, al menos algunas perlas dignas de disfrutarse, perlas de las que no hablaba Jesús, por cierto, sino nuestro más cercano Nikito Nipongo. Estoy seguro de que todos caeremos de rodillas iluminados y extasiados ante los argumentos esgrimidos por el H. Jurado Calificador.

Si te animas a redactar esta carta, cuenta con que yo seré uno de los primeros "abajofirmantes". Digo, también los premios salen de nuestros impuesto. ¿No es así? Todo esto, por supuesto, apoyándonos en la transparencia institucional que predican a voz en cuello nuestras autoridades.

Recibe mientras tanto mis más cordiales saludos!


El martes 26 de mayo, Julián Herbert volvió a dirigirse a Escalante:

Evodio querido (y demás compañeros de charla):

A mí también me da gusto retomar el contacto. Vaya un abrazo antes que nada y ojalá nos pongamos al día, pronto, en el plano personal.


Evodio, no estoy del todo de acuerdo con tu opinión (en parte sí: los recursos de apropiación en Tríptico del Desierto me parecen pertinentes para el contexto de la obra; me resultan por otro lado solemnes, faltos de ironía -no hablo de humor, sino de distancia histórica-; lo que, salvo una mejor argumentación, significa simplemente que el libro tiene a mi juicio muy buena hechura, me parece bueno y, a la vez, está muy alejado de mis gustos literarios). Por supuesto me parece respetabilísimo lo que tienes que decir, y además te agradezco haberlo hecho públicamente: la crítica nos viene siempre bien a todos. Sin embargo creo que, al menos en parte, la sobreinterpretación que se ha hecho de tu texto (en relación a los términos apropiación/plagio) proviene del texto mismo. No por el uso de determinadas palabras: por el método. Tú señalas como eje de tu crítica el uso de la apropiación textual (o plagio, plagio enriquecido, intertextualidad, la mar en coche: te confieso que a estas alturas la zona que divide a estas palabras me parece muy resbaladiza, por eso yo no te reproché en ningún momento el haber escrito "plagio") en el libro de Sicilia. Más adelante (en tu último mensaje) señalas que la carencia del libro no es la apropiación per se, sino el "torpe" uso que Sicilia hace del recurso. Pero es precisamente esta última valoración la que, me parece, está ausente (o poco presente) en tu artículo. Citas pasajes que demuestran cómo Sicilia se apropia de la obra de otros autores; lo que echo en falta es un ejercicio de crítica comparatista respecto de cómo el autor empobrece o "pega con Resistol" dichos pasajes. Por ejemplo: ¿dónde Sicilia parte del texto original y con qué fortuna lo ha traducido; dónde parte de traducciones previas?... Pienso en Rilke y sobre todo en Celan, dos autores cuya interpretación en lengua española es harto compleja. ¿Hasta qué punto el autor modifica la referencialidad del pasaje incorporado, o su cadencia, etcétera?... Creo que ese método sería el idóneo para ilustrar las fallas que afirmas haber encontrado; citar exclusivamente los pasajes originales y su versión en Tríptico... aclara el procedimiento como un hecho cuantitativo, no cualitativo.

Ojalá estés de acuerdo conmigo en que tu tesis podría resumirse así: "Javier Sicilia emplea la apropiación de la obra de otros poetas como un recurso literario; este recurso es practicado con torpeza por el autor". Sin embargo, me parece, en el cuerpo de tu artículo el énfasis se haya en la primera cláusula, no en la segunda.

Por otra parte, me resultan desmesuradas (en uno y otro sentido) algunas reacciones que ha despertado tu artículo. Considero innecesarios (hablo como lector, yo no soy juez de nadie) unos cuantos enunciados viscerales en la respuesta de Javier Sicilia. Por otra parte, lo comprendo: los mortales no estamos capacitados para recibir una retahíla de insultos y quedarnos tan tranquilos. Y no me refiero a lo dicho por ti, Evodio, sino a la cantidad de mierda tipográficamente pura que se ha lanzado contra la obra y la persona de Javier Sicilia en medios como la benemérita entidad Círculo de Poesía, donde siempre es más fácil publicar un insulto que un argumento. La carta que Sicilia te dirige tiene una inevitable carga personal; pero también cuenta con argumentos, y si revisas las cosas que se han dicho frente a ellos (por ejemplo esta llana estupidez: que tú tienes razón porque tienes un doctorado y Sicilia es corrupto porque es profe de prepa) creo que te pondrías sin dudarlo del lado de Javier, al menos en este punto.

Coincido con Pedro cuando señala que deberíamos concentrarnos más en la poesía y menos en los premios. En ese sentido, tu artículo me parece bien planteado salvo en un punto: la referencia a los jurados del concurso. Año con año, los jurados del Aguascalientes son la mala del cuento. No puedo estar de acuerdo, y no porque los jurados me caigan bien o mal o porque yo comparta su juicio (rara vez comparto su juicio): es porque participar en un juego nos impone, por decoro, respetar sus reglas. Aun si consideramos que otras personas no lo han hecho. Me parece bien que la crítica se ocupe año con año del nuevo premio Aguascalientes, me parece bien que el libro sea tratado con gran expectativa, incluso con dureza. Con lo que no estoy de acuerdo es con que se cuestione su legitimidad o la de los jurados. Y esto se hace año con año. Lo cual habla de la falta de hábitos democráticos no tanto entre las autoridades y/o los jueces: entre los ciudadanos/poetas.

Evodio, este mensaje parte de tu artículo y tu respuesta a mi primera carta, pero aprovecha el vuelo para comentar cosas que otros han escrito (y de las cuales por supuesto tú no eres responsable); olalá eso no te irrite ni te parezca abusivo.

Aprovecho (yo sé que este mensaje le llegará) para felictar a Javier Sicilia por el premio.

Un gran abrazo a todos,

Julián Herbert.


Ese día yo también le dirigí un mensaje a Evodio Escalante:

Evodio:

Leo tus recientes mensajes a Julián Herbert y Mariano Flores Castro y comprendo hasta qué punto es difícil llegar al menor acuerdo a propósito de tu artículo y del procedimiento literario que, refiriéndote a Tríptico del Desierto, has identificado implícita y explícitamente con el plagio. Y no se trata nada más de las dificultades habituales en materia estética, que casi nunca llegan a resolverse. Más bien se trata de una dificultad esencial de tu postura, fija en su propia exaltación.

Le dices a Julián Herbert, por ejemplo, que "Sicilia no ha salido de párvulos". Me parece recordar que Javier Sicilia, sin embargo, está en tu antología de Poetas de una generación, 1950-1959. Ahora no alcanzo a entender por qué lo hayas elegido (y no importa que sea un libro de hace dos decenios). ¿Lo incluiste por equivocación? ¿Por caridad? ¿Porque, de cualquier forma, los demás poetas te parecían igualmente mediocres o pueriles? ¿O lo seleccionaste porque no pensabas entonces lo mismo que ahora, Evodio? De ser esto último, ¿quiere decir que tú también estabas en párvulos en aquellos tiempos y que por eso la poesía de Javier Sicilia te parecía de algún interés? ¿No hubiera sido mejor que, desde un principio, le presentaras a tus lectores de Milenio la evolución de tu propio gusto y, de haber sido el caso, los motivos de tu actual frialdad e incluso desdén por la obra de un poeta que antes no te inspiraba esa clase de sentimientos?

Evodio: cuando, en tu libro de poemas de 1988, Todo signo es contrario, dabas inicio a la primera sección ("Dominación de Nefertiti") con este verso:

Piramidal, funesta,


¿qué tipo de apropiación intentabas practicar? ¿Tosca o refinada? ¿Sofisticada o burda? Si con ese libro hubieras ganado un premio como el Aguascalientes, ¿habrías hallado justo que algún reseñista se limitara con testarudez a observar la procedencia de los no pocos versos ajenos que tú entonces absorbías y buscabas reelaborar en contextos ajenos a los originales? ¿Qué reacción hubiera podido esperarse de ti cuando se hablara de un libro tuyo en términos afines a los que tú empleaste para referirte al de Sicilia? Julio Hubard, sin ir más lejos, reseñó Todo signo es contrario en el número 155 de Vuelta: ¿crees tú que, por mucho que Hubard haya escrito esto: "Escalante se lanza al peligroso juego de las glosas libres, sin escatimar riesgo alguno: Sor Juana, Gorostiza, Paz, Neruda asoman en una especie de collage a lo largo de la primera sección", su crítica sea un ejemplo de obsesión, un caso más de guerra contra el plagio en el que no cabe retroceder ni un centímetro, un espectáculo de reiteración forense que no se plantea el deber de conducir a nada que no sea la confirmación de sus propios hallazgos?

Por más que advertir apropiaciones, paráfrasis, deudas, imitaciones y demás covers en la obra de cualquier poeta sea pasaje obligado para la crítica literaria, señalar todos esos procedimientos no garantiza desenlace alguno en términos de interpretación. Eso, desde mi punto de vista, lo comprendió sin mayor problema Julio Hubard al reseñar tu libro hace veinte años. Eso -buscarle un desarrollo, un desenlace a tus observaciones de lector e investigador- es, Evodio, lo que no has hecho tú con Tríptico del Desierto, acaso porque menosprecias a su autor y consideras inútil comprender su trabajo.


El argumento del plagio, hasta donde se ha podido ver con este mismo asunto, le suena convincente a lectores inexpertos o fanatizados y a columnistas ansiosos de justicia sumaria. Pero tú sabes que hay buenos lectores de poesía, lectores constantes y genuinamente familiarizados con las tradiciones antiguas y modernas, y que tales lectores no son abogados de segunda fila. Y sabes también que hacer crítica de poesía no es improvisar tribunales ni comandar pelotones de fusilamiento. Por eso me desconcierta que le propongas a Mariano Flores Castro dirigirle una carta nada menos que a "nuestras autoridades" para exigirles no una explicación institucional ni mucho menos una reparación, sino algo más humilde: una copia del acta del jurado. ¿Cuánta fe le tienes entonces a este asunto del plagio, Evodio, que al pensar en dirigirte a la burocracia cultural no te resuelves a ponerla en jaque y te limitas a pedir copia de un papel que, por añadidiura, ya es público? ¿Quieres, en tu inconformidad, querellarte contra Javier Sicilia, contra el jurado que lo premió, contra los funcionarios que formaron ese jurado, contra la editorial que publicó el poemario, contra los lectores que no estén de acuerdo contigo, contra los reseñistas que no refrenden tu parecer o contra un sistema fiscal que, haciéndote pagar impuestos humillantes, los reparte luego entre poetas que no son de tu agrado?

En realidad, Evodio, lo que juzgo menos admisible de tus "posiciones críticas" (eres tú mismo quien se refiere así a ellas) es la resignación con la que aceptas leer a un autor que tachas de infantil y el consiguiente mal humor con el que alegas un punto que ya te parece inapelable desde un principio. Ahora entiendo mejor el aforismo de Auden: "Reseñar libros malos no sólo es una pérdida de tiempo, sino también un peligro para el carácter". ¿No es fundamentalmente amargo leer un libro que se presiente malo, aún más triste leerlo hasta el final y después comentarlo en público sin otra finalidad que aclarar cuán malo se le sigue considerando?

Si por no aplaudir que surjan verdugos voluntarios como Roberta Garza, no celebrar la violenta bajeza del Círculo de Poesía ni dedicar mi tiempo a estudiar libros que juzgo de antemano desdeñables, Evodio, si por todo esto merezco ser incorporado a "la raza exquisita de los poetas", créeme que acepto con gran orgullo esa filiación.

Recibe, sea como sea, un apretón de manos de

Luis Vicente.


El miércoles 27 de mayo intervino Jorge Mendoza Romero en representación del Círculo de Poesía. Escalante le respondió y Mendoza Romero volvió a escribirle. Su "intercambio epistolar", que ya no es propiamente una discusión acerca del "plagio" ni del Tríptico del Desierto, o lo es nada más de forma incidental, puede leerse aquí.


Posdata del 8 de junio. Posteriormente han ido apareciendo nuevos artículos, como la contrarréplica de Evodio Escalante, una segunda carta de Javier Sicilia y una columna de Heriberto Yépez.

3 comentarios:

Anónimo dijo...

El crítico de rock es una persona que no sabe escribir
y que habla con personas que no saben hablar
para contárselo por escrito a personas que no saben leer.



Frank Zappa

J. Roberto Cruz Arzabal dijo...

No, el problema no es el crítico (como figura de la cultura occidental, ni como centro de la cultura literaria posmoderna); no se trata de ver en la respuesta de Evodio la "envidia del pene" que presuntamente corrompe a todos aquellos que son críticos antes que creadores (y peor aún, académicos). La denostación de la para-literatura por parte de aquellos que se dedican "exclusivamente" a la creación es un recurso demasiado fácil para acabar una discusión como esta. Sin embargo, en el caso particular de Escalante contra Sicilia, la única salida que encuentro plausible (ante la defensa de tirios y troyanos del libro de Sicila, del recurso intertextual, de la parodia y del homenaje) es que al buen Evodio sencillamente o no le gusta lo que Sicilia escribe, o le cae mal, o algo pasó por lo que no se pueden ni ver.
Mi hipótesis, por supuesto, poco tiene que ver con la discusión sobre la pertinencia de la intertextualidad como apropiación y no como plagio legalmente perseguido; aunque creo que desde el principio, el problema nunca fue ese.
Saludos.

Mauricio Becerril dijo...

¡Qué cosas pasan en nuestro medio literario!

El año pasado le dieron el Aguascalientes a un autor que no participó (independientemente de su valor literario)

Este año se lo dan a autores que no sólo no participaron, sino que además están MUERTOS.

Lamentable que Sicilia crea que se va a salvar de la vergüenza de quedar como PLAGIARIO por más que quiera defenserse con argumentos tan estúpidos.

Lo mejor que puede hacer es regresar el dinero que SE ROBÓ, y que sea repartido en otros premios de poesía. Bien se pueden hacer 10 premios de 20,000 pesos para poetas que SI TRABAJAN, con eso, Sicilia demostraría que POR LO MENOS tiene honor, algo tan escaso en estos tiempos.