5 de agosto de 2007

El verbo linchar

Me referiré a tres asuntos que han recibido algún tratamiento periodístico. Y que conste que no es un mismo caso triplicado…

1. Estamos en octubre de 2005. Cierto escritor, al que llamaré A, es mencionado en las páginas más bien escurridizas del semanario político por excelencia del acontecer nacional. Se da cuenta, en falso, de un cheque aparentemente cobrado al margen de reglamentos y dictámenes, y aunque se consignan sumas y números de folio, se omite cualquier posible aclaración del principal “responsable”, a quien se le dirá off the record (cuando, en busca de alguna explicación coherente, visite al editor de la revista) que no fue contactado porque nadie tenía su número de teléfono. Nadie, como no sean los mismos que filtraron el cheque, desde luego. Por lo demás, A figura en el directorio telefónico, publicación que sin duda supera en ejemplares al semanario en cuestión, y no ha visto nunca el cheque del escándalo.

2. Mayo de 2006. B, también escritor, es acusado de plagio (sin denuncia formal ni abogados ni jueces de por medio) en cierto diario de circulación e interés nacional. El reportero se traslada heroicamente de México a Cuernavaca para cubrir la noticia, tarea que no supone otra cosa que prender el micrófono para que las presuntas víctimas del plagio se manifiesten a sus anchas. De la eventual reacción del acusado no se puede inferir nada: no se le ha tenido en cuenta para elaborar la nota. Se deja en claro, en cambio, cómo se llaman sus hijos (menores, ambos) y su esposa, por si algún lector se lo preguntaba. En vísperas de las elecciones del mes de julio, el escritor B, concuño de quien resultará presidente de la República, es —cabe suponer— un objetivo de lo más apetitoso para la prensa que a sí misma se califica de progresista.

3. Julio de 2007. Un tercer escritor, C, padece la ojeriza de un colega que lo implica en operaciones más bien indemostrables de “influyentismo”. En un primer momento, las acusaciones del colega furioso no salen de algún foro en Internet, pero luego saltan a la prensa y, en las páginas de un tabloide algo menos que confidencial, buscan disfrazarse de iniciativa cívica y propuesta legislativa. Dato curioso: el enemigo del amiguismo es entrevistado por otro escritor que tiene pinta de ser buen amigo suyo. En todo caso, el escritor C no es requerido para dar su versión de los hechos…

Yo mismo soy el escritor A. No diré quién es B ni quién C. Lo que me parece llamativo es el comportamiento (sistemático, en apariencia) de la prensa, verdadera incógnita en los tres casos. ¿Por qué se ha preferido acusar y, en lo posible, lapidar antes que confrontar? ¿Por qué los reporteros y sus editores, y los directores de sus medios, han desdeñado confirmar o desmentir dichas acusaciones, favoreciendo con ello meras versiones y elevándolas al rango de verdades? ¿Por qué ciertos medios informativos han acabado conjugando un verbo como linchar con más asiduidad que otros como ponderar o sopesar?



("El verbo linchar" se publicó el día de hoy en Mural.)

6 comentarios:

José Israel Carranza dijo...

Un dato extra, de parte del escritor C: hoy esperaba (ingenuamente, desde luego) que el semanario Crítica publicara la carta que le envié a su director, o al menos la rectificación pertinente. No fue así, y en consecuencia tengo que publicármela yo solito. Remito a los interesados en conocerla a que le echen un vistazo:
http://azotecarranza.blogspot.com/2007/08/sobre-una-nota-difamatoria.html

(Gracias, Luis Vicente).

Luis Vicente de Aguinaga dijo...

De nada. Yo no tengo dudas: aunque molesto y hasta embarazoso, el asunto de la conducta irregular de los medios (sustantivo ridículo, éste de "medios", cuando en realidad se sabe que periódicos y cadenas de radio y televisión tienden a ser fines en sí mismos, en cuanto se trata de productos ya empacados y listos para consumir como tales, al margen de la realidad a la que presuntamente remiten, y fines o finales, por lo regular tristes y escabrosos, de muchas carreras y reputaciones) tiene que ser abordado por alguien, desarrollado ante quien se deje y entendido por quien se pueda.

nacho dijo...

Oye, pues es sucio esto que denuncias y no es de extrañar, considerando la fatídica proclividad canibalesca que permea los círculos intelectuales. Pero, lo he dicho antes, los intelectuales no hacen sino absorber las costumbres de los políticos, esos, los que han prohijado la partidocracia.
Solidaridad desde el desierto.
nacho mondaca.

LSz. dijo...

Por demás está decirlo, la velocidad con que se propaga el escándalo lo convierte en plaga fulminante para el que se ve agredido, ultrajado y jamás consultado para confirmar o negar.

Un saludo.

Gabriel dijo...

Una observación: Llegue a este lugar despues de entrar en el blog de Luis Abbadie y obtuve las entrevistas de las dos ediciones de CRITICA. Por lo que estuve leyendo, el señor Carranza ganó una beca para escribir un libro que después entraría en concurso y ganaría un premio. En lo particular, no hay impedimento, es cierto, pero también quiero subrayar que en lo personal no me parece justo. Por favor, no se me malentienda. No estoy hablando de nepotismo, de que se ganó con influencias...eso no lo se y no metería las manos en el fugo por nadie. Puede que si, puede que no... pero creo que si habría que cuidar esos detalles. Para muchos, ganar una beca SIGNIFICA GANAR una especie de concurso y después GANARLO otra vez en un concurso de gobierno, pues, no sabe bien... creo que son cosas que se tienen que cuidar, porque si ya de por si, el ambiente intelectual es ponzoñoso y lleno de envidias, este tipo de situaciones alienta la sospecha. Es mi opinión. Gracias

Luis Vicente de Aguinaga dijo...

Lo siento, Gabriel: mi artículo no toca el tema de los concursos literarios ni el de las becas ni el de las leyes que pudieran regularlos. Agradezco tu comentario con toda sinceridad, pero no veo qué caso tenga tocar esos temas por ahora en este sitio. A lo que yo he tratado de referirme -ahora veo que sin todo el éxito que yo quisiera- es a ciertos hábitos de cierta prensa, y que los premios le toquen a quien se los merezca. Saludos.