ARPA-FIL significa, en sus abreviaturas, lo que bien resume —acaso de manera redundante, a renglón seguido, en la portada misma del programa— esta lacónica cintilla: “Arquitectura y patrimonio en la XVI Feria Internacional del Libro de Guadalajara”. Por ningún lado se aclara quién, quiénes o qué diablos haya en el origen estratégico de un simposio tan elegante. Catorce logotipos, con todo, armonizan las jerarquías del ARPA mencionada, y lo hacen al reverso del cuaderno plateado: el propio logotipo de ARPA, el de la Universidad (que piensa y que trabaja) de Guadalajara, el de la FIL, el del Consejo Nacional para la Cultura y las Artes y aquel, decorativo ante todo, que resumió la presencia de Cuba en la FIL del año que termina (vale la pena recordarlo: en dicho sello, la letra A parece más un plumerito que un libro abierto). Se arremolinan después el Goethe Institut, el H. Ayuntamiento Constitucional de Guadalajara, nada menos que COPLAUR —con sus mal planeados planes de planeación urbana—, la Secretaría de Cultura de Jalisco, el INBA, el Museo Regional de la ciudad, ECRO, la Escuela Superior de Arquitectura y la Sociedad de Alumnos de Arquitectura y Urbanismo. Por ello debe inferirse que, al no haber en su propaganda impresa un equipo ni un evidente comité de responsables, ARPA-FIL es obra de las muchas oficinas arriba enumeradas. Y eso es, en pocas palabras, lo que ofende.
Pasado el orden de los días (4, 5 y 6 de diciembre) que ARPA rellenó con sus pocas mesas de trabajo, sus muchas presentaciones de libros y los académicos brindis que fueron de rigor, esto es: leídas ya las primeras dos páginas del programa, se despliega con bonitos colores la profunda capacidad teórica del encuentro. Dado el contexto, los renglones que siguen parecen referirse a una conferencia de Bernd Hunger acerca de Berlín y, ya entrados en gastos, de las “tendencias y la dimensión Social” (con su buena S mayúscula) del urbanismo: “La urbanización alrededor del mundo es un proceso irreversible en cual [sic], junto con otros paradigmas de la vida, se require [sic] de [sic] atender las necesidades básicas de sus habitantes: vivienda, salud, educación, bienestar; procurando ademas [sic] un equilibrio entre el mundo del trabajo y el del relajamiento, entre el de la convivencia y tolerancia, y el de la tradición e innovación”. Renglones a los que se agrega, no sin desenvoltura, lo que cito a continuación: “Es preciso entonces definir el papel de la arquitectura y el urbanismo mas [sic] alla [sic] de la estética formal”. Así de suave.
Se diría que lo irreversible no es tanto el proceso de la urbanización (que, no lo niego, ciertamente debe concernir al mundo entero y sus alrededores) como el de la ignorancia en materia ortográfica y sintáctica, o ya de perdis el del apresuramiento globalizado. Procesos en verdad relacionados con las humanidades, los de la prisa y el desconocimiento, y que las afectan —como el espacio y el tema de la enseñanza que por supuesto son— de modo inmediato: procesos que, sin ir más lejos, empobrecen la transmisión y el aprendizaje de urbanismo y arquitectura por igual, y que desmienten ipso facto el supuesto mensaje civilizador de congresos o encuentros como ARPA-FIL. Por otra parte, o quizá por la misma, ¿quién mejor que la Secretaría de Cultura de Jalisco —editora de libros infames—, el municipio de Guadalajara —encubridor de “midibuseros” homicidas y en todo caso desdeñosos de un público al que sirven apenas en su imaginación—, la FIL —mera convención de profesionistas y agitadores políticos— y el CONACULTA —despacho gubernamental de funcionarios no muy dados a leer, aunque sí a “promocionar” la lectura— cuando se trata de organizar y de avalar un congreso llamado al fracaso? Porque de un fracaso (y de un fracaso que no me alegra, por si hubiera que precisarlo) estoy hablando. No importa el número de botellas que ARPA-FIL haya descorchado, ni el tiraje sin duda millonario de los libros que ahí tuvieron su presentación, ni la conciencia herida y animosa de los arquitectos y urbanistas que gimotean al ver el espectáculo desgarrador de una pared mal enjarrada y al mismo tiempo se lanzan a cavar estacionamientos donde antes había parques y jardines: aquello fue un fracaso desde que alguien redactó las frases torpes de su programa, revelador indiscutible de una mala formación y, peor aún, de un íntimo desdén por la palabra y por la letra impresa.
Dicho lo cual, procedo a transcribir mi proyecto de introducción para el próximo folleto, que ofrezco gratuitamente a sus organizadores. Tómese nota (literal, como es obvio): “Larquitettura es una attividat bien probechosa del ser umano cullo odjetivo es mejorar las condisiones debida del mismo no solo en lo material sino porque hay el espiritu umano que debe protejerse de la inorancia y es que la mala educasion esta inconpatible con tales condisiones. Por esta rason conbiene areglar todas aquellas defisiensias de la educasion que le inpiden al pueblo sacar el matsimo probecho de sus espasios publicos y luego los edifisios nada mas se estan callendo porque nadie le hase caso a los arquitettos y urbanistas de nuestro medio”. Viene después, a manera de firma, el bonito logotipo: ARPA-FIL 2003.

(Hace la bagatela de seis añitos, el 30 de diciembre de 2002, apareció en Mural este artículo mío. Viene al caso reproducirlo ahora, pienso yo, porque "le sigue la basca al niño", como suele decirse: pasa una FIL y viene otra, si he de parafrasear el Eclesiastés, pero la basura impresa sigue acumulándose igual que siempre. Todo es cuestión de actualizar las fechas...)
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