26 de diciembre de 2008

El urbanismo y las buenas costumbres (ortográficas)

Conservo, entre las múltiples baratijas que la FIL dejó sobre mi escritorio y que la neurosis me ha impedido arrojar al basurero, puesto que no es otro el destino que merecerían, el programa de un coloquio llamado ARPA-FIL 2002. Y aclaro enseguida que hablo de baratijas no porque tales papeluchos tengan el mínimo valor de cambio mercantil, así fuera deleznable, que ni siquiera eso tienen: son, ya lo dije, programas de mano, calendarios de actividades, anuncios de presentaciones de libros y conferencias que, tras la fecha del “evento” anunciado, sirven cuando más para engrosar el informe anual de las instituciones y los profesores involucrados en la organización. Pero se intuye, oh sexto y esotérico sentido, que su prestigio han de acarrear semejantes folletos, ya que algunos prefieren diseñarlos, imprimirlos y distribuirlos gratuitamente que diseñar, imprimir y distribuir otros materiales no tan lucidores, pero tal vez más urgentes (pienso en los muchos libros de buena factura que nadie publicó, publica ni publicará entre tanto). Es en el intercambio de prestigios y de lucimientos, pues, donde viene a justificarse aquello de juzgar como simples baratijas a los papeles en cuestión, según lo dicho al comenzar este párrafo.

ARPA-FIL significa, en sus abreviaturas, lo que bien resume —acaso de manera redundante, a renglón seguido, en la portada misma del programa— esta lacónica cintilla: “Arquitectura y patrimonio en la XVI Feria Internacional del Libro de Guadalajara”. Por ningún lado se aclara quién, quiénes o qué diablos haya en el origen estratégico de un simposio tan elegante. Catorce logotipos, con todo, armonizan las jerarquías del ARPA mencionada, y lo hacen al reverso del cuaderno plateado: el propio logotipo de ARPA, el de la Universidad (que piensa y que trabaja) de Guadalajara, el de la FIL, el del Consejo Nacional para la Cultura y las Artes y aquel, decorativo ante todo, que resumió la presencia de Cuba en la FIL del año que termina (vale la pena recordarlo: en dicho sello, la letra A parece más un plumerito que un libro abierto). Se arremolinan después el Goethe Institut, el H. Ayuntamiento Constitucional de Guadalajara, nada menos que COPLAUR —con sus mal planeados planes de planeación urbana—, la Secretaría de Cultura de Jalisco, el INBA, el Museo Regional de la ciudad, ECRO, la Escuela Superior de Arquitectura y la Sociedad de Alumnos de Arquitectura y Urbanismo. Por ello debe inferirse que, al no haber en su propaganda impresa un equipo ni un evidente comité de responsables, ARPA-FIL es obra de las muchas oficinas arriba enumeradas. Y eso es, en pocas palabras, lo que ofende.



Pasado el orden de los días (4, 5 y 6 de diciembre) que ARPA rellenó con sus pocas mesas de trabajo, sus muchas presentaciones de libros y los académicos brindis que fueron de rigor, esto es: leídas ya las primeras dos páginas del programa, se despliega con bonitos colores la profunda capacidad teórica del encuentro. Dado el contexto, los renglones que siguen parecen referirse a una conferencia de Bernd Hunger acerca de Berlín y, ya entrados en gastos, de las “tendencias y la dimensión Social” (con su buena S mayúscula) del urbanismo: “La urbanización alrededor del mundo es un proceso irreversible en cual [sic], junto con otros paradigmas de la vida, se require [sic] de [sic] atender las necesidades básicas de sus habitantes: vivienda, salud, educación, bienestar; procurando ademas [sic] un equilibrio entre el mundo del trabajo y el del relajamiento, entre el de la convivencia y tolerancia, y el de la tradición e innovación”. Renglones a los que se agrega, no sin desenvoltura, lo que cito a continuación: “Es preciso entonces definir el papel de la arquitectura y el urbanismo mas [sic] alla [sic] de la estética formal”. Así de suave.

Se diría que lo irreversible no es tanto el proceso de la urbanización (que, no lo niego, ciertamente debe concernir al mundo entero y sus alrededores) como el de la ignorancia en materia ortográfica y sintáctica, o ya de perdis el del apresuramiento globalizado. Procesos en verdad relacionados con las humanidades, los de la prisa y el desconocimiento, y que las afectan —como el espacio y el tema de la enseñanza que por supuesto son— de modo inmediato: procesos que, sin ir más lejos, empobrecen la transmisión y el aprendizaje de urbanismo y arquitectura por igual, y que desmienten ipso facto el supuesto mensaje civilizador de congresos o encuentros como ARPA-FIL. Por otra parte, o quizá por la misma, ¿quién mejor que la Secretaría de Cultura de Jalisco —editora de libros infames—, el municipio de Guadalajara —encubridor de “midibuseros” homicidas y en todo caso desdeñosos de un público al que sirven apenas en su imaginación—, la FIL —mera convención de profesionistas y agitadores políticos— y el CONACULTA —despacho gubernamental de funcionarios no muy dados a leer, aunque sí a “promocionar” la lectura— cuando se trata de organizar y de avalar un congreso llamado al fracaso? Porque de un fracaso (y de un fracaso que no me alegra, por si hubiera que precisarlo) estoy hablando. No importa el número de botellas que ARPA-FIL haya descorchado, ni el tiraje sin duda millonario de los libros que ahí tuvieron su presentación, ni la conciencia herida y animosa de los arquitectos y urbanistas que gimotean al ver el espectáculo desgarrador de una pared mal enjarrada y al mismo tiempo se lanzan a cavar estacionamientos donde antes había parques y jardines: aquello fue un fracaso desde que alguien redactó las frases torpes de su programa, revelador indiscutible de una mala formación y, peor aún, de un íntimo desdén por la palabra y por la letra impresa.

Dicho lo cual, procedo a transcribir mi proyecto de introducción para el próximo folleto, que ofrezco gratuitamente a sus organizadores. Tómese nota (literal, como es obvio): “Larquitettura es una attividat bien probechosa del ser umano cullo odjetivo es mejorar las condisiones debida del mismo no solo en lo material sino porque hay el espiritu umano que debe protejerse de la inorancia y es que la mala educasion esta inconpatible con tales condisiones. Por esta rason conbiene areglar todas aquellas defisiensias de la educasion que le inpiden al pueblo sacar el matsimo probecho de sus espasios publicos y luego los edifisios nada mas se estan callendo porque nadie le hase caso a los arquitettos y urbanistas de nuestro medio”. Viene después, a manera de firma, el bonito logotipo: ARPA-FIL 2003.



(Hace la bagatela de seis añitos, el 30 de diciembre de 2002, apareció en Mural este artículo mío. Viene al caso reproducirlo ahora, pienso yo, porque "le sigue la basca al niño", como suele decirse: pasa una FIL y viene otra, si he de parafrasear el Eclesiastés, pero la basura impresa sigue acumulándose igual que siempre. Todo es cuestión de actualizar las fechas...)

5 de diciembre de 2008

Lectura de la prensa

cf. José-Miguel Ullán, “Ficciones”

1

Novedades del hombre. Hoy,
30 de mayo de 2008, por
no decir en este mismo
instante, ha sido
descubierta una tribu
de quince individuos en el Amazonas. Hasta
la fecha ninguno de los quince, afirma
El País.com, había mantenido contacto
alguno con el ser humano.


2

Sic:
no han mantenido
ningún contacto con el ser humano
”.


3

“Jorge Espinosa, futbolista
del Platense hondureño,
murió a causa
de un puñetazo en la sien
que le propinó su compañero
Tomás Meléndez. Ambos
discutieron porque el agresor
no quiso prestarle un bolígrafo
tras firmar el contrato”
(idem, 2 de agosto
de 2003).



("Lectura de la prensa" es uno de los dos poemas que recién he publicado en el núm. 152 de la revista Punto de Partida. He retocado un poco el texto con tal de ajustarlo un poco a las limitaciones tipográficas de mi blog, y en el pasaje intermedio del poema he incorporado un link explícito al reportaje original.)

2 de diciembre de 2008

Octava real

Mido un metro con ochenta y tres centímetros. Descalzo, naturalmente (si bien el hábito del calzado me parece del todo irreprochable, por lo demás propio y exclusivo de las auténticas civilizaciones). Basta pensar en los extraterrestres del cine, que son todos malévolos y perniciosos -a excepción del melancólico I Ti, obsesionado con largarse- y nada más llevan zapatos cuando se trata de pasar inadvertidos, fingiéndose hombres. No en vano la Perla de Occidente, dividida como está por esa larga y rencorosa calzada, la Independencia, tiene al este y al oeste sendos polos zapateros: la Galería del Calzado y el más tradicional Esteban Alatorre. No en vano el anterior presidente de la República, de cuyas botas era preferible no hablar (como en sexenios anteriores no se hablaba, pongamos, del Ejército), no en vano el grande Vicente halló en León, Guanajuato, metrópolis del cuero, un trampolín irremplazable: hacía falta calzar, occidentalizar a “los jodidos”, como él decía. Y miren que ya debemos andar por las agujetas. (Nunca está de más una frase misteriosa, ¿verdad?) Occidente y civilización, civilización y calzado, son por lo tanto fases de una misma ecuación tranquilizadora.

Pero mi asunto era otro. Decía que mido tanto más tanto, y que peso “apenas” 66 kilos. Desnudo, naturalmente (si bien el hábito del vestido me parece del todo...) En fin: sigamos adelante. Soy lo que se dice un flaco. “Entelerido”, en palabras de una señorita muy linda. Y nadie parece dispuesto a perdonármelo. Aquí, en Guadalajara, y acaso en todo México y en muchos otros países, donde la gordura significa prosperidad, significa dicha, significa gusto de vivir, ganas de triunfar, ganas de hacerla, estar flaco es peor que no tener hijos y no creer en Dios al mismo tiempo (características, éstas, que también me definen por el momento, dicho sea de paso: el “deshijamiento” y el agnosticismo). La gente me ve, me toca las mejillas, me aprieta de los hombros, me calibra la espalda, me hace rin-rin en las costillas, me da palmaditas en el vientre, me patea con suavidad las espinillas y al fin dice: ¡mira nada más! Que miren ellos, y que se convenzan: yo no tengo por qué ser diferente, o sea más diferente de lo que ya soy, esto es: por qué ser menos diferente, comparado con ellos.

¿A santo de qué viene todo esto? ¿Por qué agarro tema y no lo suelto? ¿De dónde me viene tanto autoconsciente autodeseo de autoafirmarme en mi autoestima? El título de un libro de Rafael Bolio Bermúdez que se presenta hoy a la una, es decir: a las 13, bastaría con perfecta normalidad para justificar mis arranques de flaco desvencijado. Pero tengo que declarar en principio que no sé quién es Rafael Bolio Bermúdez, ni a qué se dedique al margen de hacer libros, ni por qué sienta esa necesidad irreprimible de ofenderme. Acepto que una vez ataqué yo a mi vecino llamándolo panzón y obeso pérfido, tanque y marrano, bola de grasa, choncho y barriga de los mil demonios, pero eso fue porque a él, a mi vecino, le dio por talar una hermosa jacaranda, un árbol cuyo solo pecado era el de remover con sus raíces la banqueta, dificultando con ello el paso del gordinflas, y de su carro sobre todo, entre la calle y la cochera de su casa. La jacaranda no le pertenecía, no era de su familia ni de la mía tampoco: estaba entre ambas casas, vasta y serena. Y luego no fui bueno para insultarlo en su cara, de modo que ni siquiera pudo enterarse de mis opiniones —qué digo, de mis apreciaciones objetivas: panzón, obeso, etcétera. Total, pues: aquel título de Bolio Bermúdez, Rafael, es Qué hacen los malditos flacos para estar flacos. Tamaña desvergüenza. Lo que tiene que verse, que oírse, que sufrirse.

Maldita su abuela, señor Bolio.



("Octava real" es otro de mis artículos de aquella remota FIL de 2001. He retocado algunas frases para no extraviar a nadie con referencias a una época que no era entonces "otra", pero sí lo es ahora. Sólo debo añadir que ahora sí tengo un hijo. En cuanto al tal Bolio Bermúdez, resulta que hasta página web tiene, por sí alguien quiere adelgazar al amparo de su prosa. Insisto: maldito él y toda su progenie.)